De los tres atributos que debe tener una moneda que se precie de tal, es decir servir de medio de intercambio, unidad de cuenta y reserva de valor, el bolívar literalmente casi no conserva ninguno de los mencionados atributos.

El proceso de hiperinflación ha sido tan virulento que la tasa de cambio del bolívar respecto al dólar se ha depreciado más de 50% en el mes recién finalizado.

Con un ejercicio de simple agregación de la cantidad de ceros que le quitaron al bolívar en enero de 2008 y agosto de 2018, situaría la cotización de un dólar en Bs. 1.200.000.000.000, es decir para comprar hoy un dólar se requerirán un billón doscientos mil millones de bolívares de 2008.

Esta pulverización del valor del bolívar es la consecuencia directa de un menú de políticas destructivas que se originan en un déficit fiscal financiado con impresión de dinero. Déficits fiscales que en los últimos cinco años han promediado 15% del PIB, del cual más de la mitad se financia con creación de dinero por parte del BCV, indefectiblemente tenía que degenerar en una hiperinflación, como efectivamente sucedió.

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